Las formas más habituales de consumo en el Chemsex: sustancias, combinaciones y vías

Las formas más habituales de consumo en el Chemsex: sustancias, combinaciones y vías

Cuando se habla de Chemsex, una de las cuestiones que más inquietud genera es la forma en que se consumen las sustancias dentro de estos encuentros. No se trata solo de qué drogas se utilizan, sino de cómo se combinan, por qué vías se administran y en qué contextos. Estas variables son claves para entender por qué el Chemsex entraña riesgos especialmente elevados.

Las sustancias más utilizadas en contextos de Chemsex suelen ser drogas con efectos estimulantes, desinhibitorios y facilitadores del deseo sexual. Entre las más frecuentes se encuentra la metanfetamina, conocida como crystal meth, “tina” o “T”, una sustancia extremadamente potente que aumenta la energía, reduce la sensación de cansancio y eleva el deseo sexual durante horas. Su uso está especialmente asociado a sesiones prolongadas y a una alta probabilidad de dependencia.

Otra sustancia muy habitual es la mefedrona, un estimulante sintético cuyos efectos combinan euforia, desinhibición, aumento de la sociabilidad y del deseo sexual. Su consumo se asocia a una fuerte compulsión a redosificar, es decir, a volver a consumir de manera repetida durante la misma sesión, lo que eleva el riesgo de intoxicación.

El GHB y el GBL son también drogas ampliamente presentes en el Chemsex. Se trata de depresores del sistema nervioso central que producen relajación, desinhibición y sensación de bienestar. Su principal peligro radica en que la diferencia entre una dosis “recreativa” y una dosis tóxica es muy pequeña, lo que aumenta el riesgo de sobredosis, pérdida de conciencia, coma o incluso muerte. Además, su uso está relacionado con episodios de amnesia y con situaciones de vulnerabilidad extrema.

A estas sustancias se suman los poppers, inhalantes que producen una breve e intensa sensación de euforia y relajación muscular, especialmente a nivel anal. También pueden aparecer otras drogas como la cocaína, el MDMA, la ketamina o el alcohol, que no siempre forman parte central del Chemsex pero sí pueden estar presentes en algunas sesiones. En muchos casos no se consume una sola sustancia, sino varias a la vez, lo que se conoce como policonsumo, una de las principales causas de complicaciones graves.

Las vías de administración son otro aspecto clave. Las drogas pueden consumirse de forma fumada, esnifada, oral o inyectada. Fumar metanfetamina es una de las vías más comunes, ya que permite un efecto rápido y sostenido. La mefedrona suele esnifarse o tomarse por vía oral, mientras que el GHB o el GBL se ingieren diluidos en bebidas.

Especial mención merece la vía intravenosa, conocida como slamsex o slamming. En este caso, las sustancias se inyectan directamente en la sangre, lo que produce un efecto inmediato e intenso. Sin embargo, se trata de la forma de consumo más peligrosa: aumenta el riesgo de sobredosis, de transmisión de VIH y hepatitis por compartir material, de infecciones graves y de daños en las venas. Además, suele asociarse a consumos más compulsivos y a un mayor deterioro de la salud.

También existe una forma de administración menos conocida pero presente en algunos contextos, que es la vía rectal, conocida como boofing o booty bumping. Aunque algunas personas la consideran una alternativa menos agresiva que la inyección, también conlleva riesgos importantes, sobre todo en combinación con prácticas sexuales intensas que pueden dañar la mucosa.

Otro rasgo característico del Chemsex es la duración de las sesiones. A diferencia de otros contextos de consumo, los encuentros pueden prolongarse durante muchas horas o varios días. Durante ese tiempo, se suelen encadenar dosis, se duerme poco o nada, se come de forma irregular y el cuerpo permanece sometido a un estrés extremo. Esto aumenta la probabilidad de colapsos físicos, deshidratación, agotamiento severo y cuadros de ansiedad o psicosis.

Las formas de consumo están estrechamente relacionadas con el uso de aplicaciones de contacto. En muchos perfiles se indican directamente las sustancias disponibles o deseadas, lo que facilita el acceso al consumo incluso para personas que no tenían una experiencia previa con determinadas drogas. Este acceso rápido y aparentemente normalizado favorece la percepción de bajo riesgo, cuando en realidad los peligros son elevados.

Conocer las formas más habituales de consumo en el Chemsex es fundamental para comprender por qué se trata de una práctica de alto riesgo. La combinación de sustancias potentes, policonsumo, vías de administración invasivas y sesiones prolongadas crea un escenario especialmente peligroso para la salud.

Si tú o alguien de tu entorno se enfrenta a situaciones de consumo en el contexto del Chemsex y necesita orientación o apoyo, recuerda que no estás solo ni sola. Visita nuestra sección “Pide ayuda” para conocer todos los recursos disponibles para ti o para alguien de tu entorno.