¿Qué es el Chemsex? Claves para entender una práctica cada vez más visible

¿Qué es el Chemsex? Claves para entender una práctica cada vez más visible

En los últimos años, el término Chemsex ha ganado presencia en medios de comunicación, estudios sanitarios y conversaciones sociales. Asociado al consumo de drogas en contextos sexuales, este fenómeno genera una creciente preocupación por sus implicaciones en la salud física, mental y social de quienes lo practican. Pero más allá de los titulares, ¿qué es exactamente el Chemsex y qué realidades engloba?

El Chemsex es una práctica que consiste en el uso intencionado de determinadas sustancias psicoactivas con el objetivo de facilitar, intensificar o prolongar las relaciones sexuales. El término procede de la unión de las palabras inglesas chemical (sustancia química) y sex (sexo), y se utiliza para describir encuentros sexuales bajo los efectos de drogas, que pueden prolongarse durante horas o incluso días. Aunque puede darse en distintos contextos, el Chemsex ha sido especialmente estudiado en algunos sectores de hombres gais, bisexuales y otros hombres que tienen sexo con hombres, si bien no es una práctica exclusiva de este colectivo.

A diferencia del consumo recreativo ocasional, en el Chemsex la sustancia ocupa un lugar central. No se consume de manera secundaria, sino que forma parte explícita del encuentro sexual. El objetivo no es únicamente la desinhibición, sino también aumentar el deseo, la resistencia física, la sensación de placer, la conexión emocional con otras personas o la intensidad de las experiencias.

Las sesiones suelen organizarse en entornos privados como viviendas, apartamentos turísticos u hoteles, aunque también pueden producirse en saunas, clubs o fiestas privadas. En la actualidad, las aplicaciones de contacto y redes sociales juegan un papel clave en la organización de estos encuentros. A través de perfiles, símbolos o palabras clave se acuerdan tanto las sustancias como el tipo de práctica sexual.

Entre las drogas más habituales en el Chemsex se encuentran la metanfetamina (conocida como crystal meth, “tina” o “T”), la mefedrona, el GHB y el GBL, así como los poppers. También pueden aparecer otras sustancias como la cocaína, la ketamina o el MDMA. En muchos casos no se consume una sola droga, sino que se combinan varias durante la misma sesión, lo que incrementa de forma notable los riesgos para la salud.

Las vías de consumo son diversas: fumada, esnifada, oral y, en algunos casos, inyectada. Esta última modalidad, conocida como slamsex o slamming, consiste en la administración intravenosa de drogas en el contexto sexual y conlleva un riesgo especialmente elevado de infecciones, sobredosis y transmisión de enfermedades si se comparte material.

Un aspecto fundamental para entender qué es el Chemsex es el consentimiento. Para que una práctica pueda considerarse Chemsex debe existir una decisión consciente y voluntaria de consumir sustancias y mantener relaciones sexuales bajo sus efectos. Cuando una persona es drogada sin saberlo o no puede dar su consentimiento, no se trata de Chemsex, sino de una forma de agresión sexual facilitada por sustancias.

El Chemsex no puede explicarse únicamente como una combinación de sexo y drogas. Es un fenómeno complejo en el que influyen factores sociales, emocionales, culturales y tecnológicos. En muchos casos, quienes participan buscan desinhibición, evasión, conexión afectiva, sensación de pertenencia, alivio frente a la soledad o el estigma, así como una forma de explorar la sexualidad sin barreras. Estas motivaciones, sin embargo, no eliminan los riesgos asociados a la práctica.

Desde el punto de vista de la salud pública, el Chemsex preocupa por su relación con el aumento de infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH, por el riesgo de sobredosis, por la aparición de problemas de salud mental y por la posibilidad de desarrollar dependencia tanto a las sustancias como a la propia dinámica de consumo asociada al sexo. En algunos casos, las personas llegan a sentir que solo pueden disfrutar del sexo bajo los efectos de las drogas, lo que afecta a su vida emocional, a sus relaciones y a su autoestima.

Es importante señalar que no todas las personas que practican Chemsex desarrollan un consumo problemático. Existen realidades muy diversas, desde usos puntuales hasta situaciones de dependencia severa. Por ello, los enfoques actuales no se centran únicamente en la abstinencia, sino también en la prevención, la reducción de riesgos, la educación sexual, el acompañamiento psicológico y la atención sanitaria especializada.

Hablar de Chemsex sigue siendo, en muchos entornos, un tema rodeado de estigma. Al estigma asociado al consumo de drogas se suma el relacionado con la sexualidad y, en algunos casos, con la orientación sexual o la identidad de género. Esta triple carga dificulta que muchas personas pidan ayuda cuando la necesitan, por miedo al juicio, a la discriminación o a no ser comprendidas.

Comprender qué es el Chemsex es un primer paso imprescindible para abordarlo desde una perspectiva informada, humana y centrada en la salud. La información rigurosa, el apoyo profesional y la existencia de recursos accesibles son fundamentales para prevenir situaciones de riesgo y acompañar a quienes lo necesiten. Si tú o alguien de tu entorno está viviendo una situación relacionada con el Chemsex y siente que puede estar afectando a su bienestar, visita nuestra sección “Pide ayuda” para conocer todos los recursos disponibles para ti o para alguien de tu entorno.